Una semana estuvo Madonna en la Argentina, lo suficiente para que, además de realizar cuatro increíbles shows con más de 60.000 personas en cada uno, la reina del pop cautivara a sus fans y despertara todo tipo de polémicas. Porque “Sticky & Sweet tour”, tal es el nombre de la gira con la que está recorriendo el mundo, dejó todo tipo de cosas. La fundamental, la extraña suspensión del recital previsto para el miércoles 3 de diciembre (generando el enojo de muchos fanáticos que habían viajo del interior y hasta de otros países para ver el espectáculo y de la gente que estuvo haciendo la cola para entrar a River siete días antes), por la supuesta demora de los equipos técnicos que se habían quedado demorados en alguna aduana foránea. Pero fue tal la incertidumbre y la poca claridad con la que se expresaron los organizadores, que nadie quiso tragarse ese sapo. La mayoría se hizo eco de la poca venta de entradas que había tenido ese show, que finalmente se pospuso al viernes 5. Pero el run run que se oyó tras bastidores (en un equipo de 220 personas es muy difícil que no se filtre información) es que Madonna debió ser internada de urgencia en el sanatorio Anchorena al sufrir una supuesta crisis nerviosa. Se ve que a pesar de que el divorcio con el británico Guy Ritchie fue pacífico, la cantante de 50 años quedó bastante vulnerable emocionalmente. Quizás por eso también decidió que Lourdes, Rocco y David, sus hijos, viajaran con ella durante todo el tour, y le hicieran compañía (los chicos disfrutaron a pleno de la pileta del Four Seasons, y hasta fueron al Campo Argentino de Polo). Sin embargo, la internación no pudo ser confirmada ya que bajo una estricta norma de seguridad, los representantes de la artista le habrían hecho firmar un contrato de confidencialidad al director del nosocomio.
Al escenario
El tiempo de la música llegó el jueves 4, con un show impactante desde la escenografía, la música y el increíble estado físico de una artista que parece no tener fecha de vencimiento. Pero tanta parafernalia tecnológica tuvo su costado oscuro ya que en varios temas, la cantante hizo playback (haciendo la mímica sobre la pista de la canción). Sin embargo, no es la primera vez que lo hace en un show en vivo, ya que Madonna realiza una exigente performance de baile, y por eso cuida su voz en ocasiones. Se ve que por más talento que se tenga, no se puede saltar, bailar y cantar al mismo tiempo durante más de dos horas.
Fuera del escenario, la agenda de Madonna estuvo bastante cargada. Se reunió con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (y en la Casa Rosada se cruzó con Ingrid Betancourt, la ex candidata a la presidencia de Colombia que estuvo secuestrada por las FARC) y hasta fue a cenar al restó porteño La Cabaña con Antonito De la Rúa. Además, tuvo tiempo de hacer un gran plantón. Es que el sábado estaba todo listo para que Madonna fuera el teatro Lola Membrives a ver “Eva, el gran musical argentino”, la obra protagonizada por Nacha Guevara, pero la reina del pop faltó a la cita. A último momento optó por ir a un restaurante de Puerto Madero que le había recomendado el novio de Shakira. Sí, a pesar de hacer una versión de “No llores por mi Argentina” en el show, esta vez Madonna cambió a Evita por un buen bife de chorizo. Sobre gustos...
La estadía de Madonna en la Argentina no pasó inadvertida. Pero su talento no fue lo único que estuvo en el centro de la escena. Crisis de nervios, suspensiones y hasta un buen plantón. Al final de cuentas, toda diva tiene derecho a un papelón. ¿No?
Fotos: Agencia Móvil Press
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